Por A. Becquer Casaballe
Las críticas que recibe hoy la fotografía digital son demasiado parecidas a las que recibieron las cámaras de 35 mm en sus comienzos, lo cual demuestra que muchos fotógrafos tienen la misma estructura de pensamiento.
|
En su obra “La fotografía como documento social” (Editorial Gustavo Gilli, 3ª Edición, 1983), Gisèle Freund dice: |
“Hasta una revista como Life, fundada en 1936, no quería en sus comienzos que sus fotógrafos se sirvieran de la Leica. Thomas Mc Avot, que formaba parte del equipo de los primeros fotógrafos contratados por Life me ha contado las dificultades que encontró para imponerla. “Me había traido una Leica a raíz de un viaje a Europa, pero el redactor jefe la consideraba un juguete poco serio a causa de su reducido tamaño y me prohibió usarla. Aprovechando una recepción oficial en Washington, hice caso omiso y, bajo las miradas atónitas de mis colegas que operaban con grandes aparatos provistos de flashes, saqué una serie de fotos. Comparando mis clichés con los de los demás, la dirección admitió que mis fotos tenían mucho más atmósfera y que eran más vivas, pues yo no había recurrido a flashes y había fotografiado a la gente sin que se diera cuenta. A partir de ese momento, la Leica fue apreciada en todo su valor y todos los fotógrafos siguieron mi ejemplo”.

Continúa relatando Gisèle:
“Realicé una experiencia similar. En 1937, Julien Cain, por entonces Director de la Biblioteca Nacional, me pidió que fotografiara todas las bibliotecas de París (mi primer encargo oficial) para la exposición Universal de 1937. Cuando me presenté en la Nacional, el director me declaró al advertir la pequeña Leica: “Eso no es nada serio, vuelva con una cámara profesional de verdad”. Me echó. Tuve una idea. Fui al marché aux puces y compré por 50 francos un viejo modelo de madera de formato 18x24 . Esta vez el director quedó satisfecho y coloqué el aparato en un trípode voluminoso. Con la cabeza oculta bajo un gran paño negro simulé ajustar el enfoque. El aparato ni siquiera llevaba placas. Cuando se hubo marchado la autoridad, saqué tranquilamente toda una serie de fotos con mi Leica, cogiendo como modelos a las viejas ratas de biblioteca sumidas en la lectura”... (págs. 109 y 110).

José María Silva, que fue el fotógrafo del cantante francoargentino Carlos Gardel, relataba que en 1930, al realizar la cobertura del Campeonato Mundial de Fútbol que se realizó en la ciudad de Montevideo, un fotógrafo alemán apareció con una Leica. Los reporteros se burlaban de él y hasta pusieron en duda que se tratara realmente de un profesional. En una de las cenas de camaradería que realizaron, el alemán se apareció con algunas de las fotos que había tomado y que debía enviar por correo a su país. Todos quedaron sorprendidos por los resultados.
De todas maneras, la Leica tardó en imponerse, especialmente en los diarios de Estados Unidos. La célebre fotografía de Jack Ruby en el estacionamiento del departamento de policía de Dallas, pegándole un tiro a Lee H. Oswald, el supuesto asesino de Kennedy, está tomada por Bob Jackson con una de esas cámaras de placas 10x12,5 cm.

Yo comencé en fotografía en la década del 70 y era asistente en un estudio de retratos, ¡donde no había una sola cámara de 35 mm porque se las consideraba de baja calidad! Hasta las fotos carnet se hacían en formato de 6x6 cm y la mayoría de las tomas eran con una Linhof de placas 13 x 18 cm.
Recuerden también que en esa época ningún fotocromista aceptaba diapositivas de 35 mm ya que decían que no servían para nada. Debían ser de 6x6 cm como mínimo. Sólo algunas revistas ilustradas en color aceptaban en sus reportajes el 35 mm.
Entonces, si alguien quiere la máxima calidad en las imágenes, no les queda otro camino, como mínimo, que el 6x6 cm pero, si se desea frescura, espontaneidad, fuerza expresiva y candidez, le sirve hasta una compacta dos megapíxeles con objetivo fijo.
Por todo ello, pienso que hoy la fotografía digital está en la misma situación que estuvo en su momento la fotografía de 35 mm, cuya calidad era infinitamente inferior a los formatos mayores.
Por ello, la cámara que utiliza le interesa sólo al fotógrafo. Para el que mira una foto, que al final de cuentas es el depositario de nuestra obra, eso le es intrascendente, puesto que su interés está en valorar la imagen por su contenido y por su valor expresivo.
Por ello, cada uno es libre de recurrir a las herramientas que más satisfaga a sus propósitos.
Una pequeña colección
Esta serie de fotos son originales de formato 18x24 impresas en papel brillante. En el dorso, tienen estampado un sello: “Keystone - View. Company, 25, Rue Royale - Paris 8 - Teléphone Anjou 05 96 et 21-16”. No hay datos de fecha ni nada, excepto los epígrafes escritos en francés. No dicen nada del autor, pero se asemejan mucho a la descripción realizada por Gisele Freund de sus fotos.
Originariamente, pertenecieron la Colección Kersenbaum, fotógrafo independiente de origen austríaco quien, además de realizar reportajes y de colaborar con la Associated Press, representaba a varias agencias fotográficas europeas. Su colección fue una de las más importantes que comprendía el período de 1930 a 1960. En 1983, luego de su fallecimiento, fue adquirida a su viuda por la Editorial Tiempo Argentino, e incorporada al archivo del diario.

El responsable del archivo, un joven que había trabajado en la Editorial Abril (revista Siete Días), recibió el encargo de clasificar la Colección Kersenbaum. Las fotografías que consideraba carente de interés periodístico (con un criterio que, en lo personal, desconozco), las tiraba en un tacho. Por casualidad, una noche que estaba de guardia en el diario, fui al archivo y me encontré esas fotos en el cesto de la basura, evitando que terminaran en el Cinturón Ecológico recicladas como cartón de envase de huevos.
A. Becquer Casaballe
Fotomundo 490 (Octubre 2009)